Me siento atado


Es de noche —vaya ironía, aquí casi nunca amanece—. He dejado de calcular las horas que restan para el amanecer, ahora todo me parece el recuerdo borroso de un sueño que sentí más real que cualquier cosa. A veces cierro los ojos y veo un montón de personas que no conozco, otras veces me veo a mí mismo, también un desconocido. En ocasiones me dejo envolver por las excusas, y me atrapan la culpa, la cobardía, y el miedo, todos al mismo tiempo. Luego veo una hilera de puertas que flanquean un corredor que se extiende hasta el infinito. Todas están cerradas, y yo, con llave en mano, nunca logro abrir ninguna. Se me están acabando las razones para seguir intentándolo. Los viejos dicen que los jóvenes vivimos de sueños, pero no saben lo horrible que es vivir de sueños que, por mucho que estiremos los brazos y corramos a su encuentro, nunca logramos alcanzar. No hablo de realizaciones personales, hablo en un contexto espiritual. Yo lo que quiero es dejar de oír aquella voz atronadora que me perfora el oído, dejar de tener miedo a quitarme una máscara que todos creen que forma parte de mis facciones. Dejar por fin de lado aquello que me ata a un lugar del que siempre quiero irme lejos. Ojalá me encuentre con alguien que al mirarme vea más que un cuerpo, y entienda que mi sonrisa es una disculpa por sentir demasiado, o muy poco, o hacerlo todo mal. Lo que quiero es dejarme llevar por algunas emociones, decirle a esa chica que..., no sé, que muero cada vez que alguien pronuncia su nombre aun sin conocerla. Que tengo celos de aquellos que hablan con ella, porque yo no puedo hacerlo directamente por mucho que quiera. Quiero decirle a mi amigo cuánto lo echo en falta cada vez que sucede algo bueno para compartirlo con él, o cada vez que siento que algo malo le pasa, para decirle que no está solo. Pero me siento atado. Lo peor de no saber qué te pasa es que tampoco tienes idea de cómo solucionarlo. Así que estoy como estancado, entre ir y venir; entre esto y aquello; en mitad de algo que nunca sé lo que es. Las noches en las que no puedo dormir me pongo a pensar en lo genial que sería dejar de sentir que siempre es tarde para llegar a cualquier parte. Lo mucho que me solucionaría la vida el saber por qué no me he ido de aquí hace tiempo, y buscar la llave correcta para abrir no sólo una, sino todas las puertas que sean necesarias para encontrar el camino que me lleve de vuelta a esa paz que un día tuve y que ahora se desvanece como un espejismo.

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