Aunque parezca una locura
Recuerdo que vino un día para estar conmigo. La conocí a inicios de octubre, y aunque habíamos compartido muchas otras cosas anteriormente, sólo después de un tiempo decidió quedarse. Pasaron meses antes de que lo decidiera. Lo importante es que estuvimos juntos, y que todos los días evitábamos aterrizar en los brazos de la rutina. Nunca hicimos las mismas cosas por dos días seguidos, todos eran sorpresas, campos de abono para sembrar un sentimiento que, por tristes circunstancias, no echó raíces profundas. También recuerdo que me miraba y se sonrojaba. Sus manos, al contacto con las mías, parecía que hablaban historias, y a mí me encantaba escucharlas todas. Cada día desde el principio. Siempre una distinta. Siempre, aquel roce, parecía igual que el primero; a veces también me acariciaba el rostro y era como si me dejara enmarcar para alguien que encontró en mí un tesoro. Era una mujer preciosa. Claro, lo sigue siendo. Era y es, y lo será, todo depende de que lo decida; siempre tuvo la capacidad de ser quien quería sin que aquello le suponga alguna dificultad. Si sonreía conseguía tenerme bailando en sus manos. Y cuando me miraba, yo les juro que..., lo que sea. Cuando me miraba yo ni siquiera encontraba palabras. Ojalá algún día me entiendan.
Tentamos al tiempo, y con el pasar de los días, tentamos al olvido. No creo haber sido más feliz desde mi último asalto sentimental, aunque eso me haya costado nunca volver a ser el mismo. Ella se convirtió en mi antes y después: antes de conocerla yo no esperaba nada, y vino; después de conocerla hoy lo espero todo, pero no llega. La echo de menos, eso es difícil de admitir y al mismo tiempo, la realidad más cruda que tengo. Es inevitable que, cuando extrañas a alguien, el mundo parece convertirse en un gran funeral, y cada circunstancia cargada de recuerdo va deambulando, pero en forma de espectro. Sólo eso es lo que queda al final: el recuerdo. Los lugares, las palabras y la gran mayoría de canciones se visten de él. La zozobra de mis días siguientes a su partida acrecentó su gravedad, sobre todo porque no encontraba a nadie más con quien compartir mi vida, porque con ella, hasta lo que parecía más insignificante, tenía un sentido. Nunca me había entendido tan bien con alguien, y es increíble lo muy vacío que puede parecer el mundo por el simple hecho de que falte esa persona. Ustedes no lo saben, pero era casi perfecta. Si tuviera que describirla supongo que usaría la palabra ángel. No tenía alas, claro, pero sí un cielo y lo compartió conmigo.
Con ella tuve una relación envidiable. No por el hecho de que muchos otros la quisieran, sino por el hecho de que yo ya no quería a ninguna otra chica, y aquella paz no me la quitaba nadie. Hoy forma parte de aquel fragmento de mi vida que por mucho que luche por alcanzar, siempre consigue escurrirse de mis manos. Hoy todavía trato de recordar por qué es que no estamos juntos, quién fue el que falló; si mi forma de ser terminó por alejarla, si quizá hubo algo en ella que me resultó incomprensible. Sea como fuere, la respuesta se encuentra dentro de un pasado en forma de cicatriz que no pienso volver a tocar. Pero aunque ella se haya ido, su recuerdo permanece. Lo he guardado en mi interior, muy adentro, y he tirado la llave, allí donde ni siquiera yo pueda encontrarla. Aunque parezca egoísta. Aunque parezca una locura.
Con ella tuve una relación envidiable. No por el hecho de que muchos otros la quisieran, sino por el hecho de que yo ya no quería a ninguna otra chica, y aquella paz no me la quitaba nadie. Hoy forma parte de aquel fragmento de mi vida que por mucho que luche por alcanzar, siempre consigue escurrirse de mis manos. Hoy todavía trato de recordar por qué es que no estamos juntos, quién fue el que falló; si mi forma de ser terminó por alejarla, si quizá hubo algo en ella que me resultó incomprensible. Sea como fuere, la respuesta se encuentra dentro de un pasado en forma de cicatriz que no pienso volver a tocar. Pero aunque ella se haya ido, su recuerdo permanece. Lo he guardado en mi interior, muy adentro, y he tirado la llave, allí donde ni siquiera yo pueda encontrarla. Aunque parezca egoísta. Aunque parezca una locura.






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