Tiempo y paciencia

Fotografía por Ed Gordeev

Querida Nadie:

Otro año sin ti es otro año que tengo que soportarme. Pero quién me hubiera dicho que esto sucedería, que aunque no hayas venido puedo sentir que estás cerca. Estás todavía metida en mi octubre y he comprendido que los años que se me aumentan son los años que se te restan. Sin embargo, sé que vienes, querida Nadie, sé que vienes. De a pocos, paso a paso, gota a gota, segundo a segundo, como midiendo tus tiempos, tus movimientos. Ya no te culpo la demora, no te condeno la ausencia, no le lloro a tu sombra, no beso tus huellas. Ya no me visto de tristeza, ni oculto mi sonrisa por miedo a la vergüenza; ya no me pesa la culpa ni me dejo llevar por mi cordura, ya no. Ahora soy capaz de mirarme al espejo sin maldecirme, puedo vestir esa ropa que nunca pensé que usaría y hasta me siento en el cuerpo de otro. Siempre amé esa sensación, querida Nadie: la de estar lo más lejos posible de mí mismo. Claro que no huyo de mí del todo, claro que tengo deudas pendientes, claro que aún hay páginas en blanco y bolígrafos cargados de la tinta de historias que aún no escribo, pero ya no tengo miedo.

Me siento como aquel que escribe porque sabe que necesita y quiere hacerlo, no porque debería. Me siento con la suficiente fuerza como para buscarte, fracasar en el intento y no culparte por estar tan lejana. Me siento de tantas formas y en ninguna de ellas me reconozco. Y así como ya no tengo miedo, tampoco tengo ganas de buscar explicaciones. Sólo sé que ahora tu presencia no está tan lejana, que he podido sentirte incluso, soñándote más despierto que dormido, cantando a tu lado, viendo películas, hablando de todo aquello que no le importa a nadie más que a nosotros.

Pero no creas que ha sido fácil. No. He tenido que cortar algunos circuitos inútiles de esta máquina interna a la que llamo corazón y cuyos engranajes están oxidados por la demasía del tiempo y la escasez de mantenimiento. He tenido que vencer mis miedos, pero de eso se trata, ¿no? ¿Qué sería de la esperanza si no hubiese un miedo que la alimente? Por ello te tengo aún en la mira, querida Nadie. Yo me estoy preparando también para recibirte, estoy trabajando en mi personalidad, en mi actitud interior, para que al verme no te asustes ni pienses que estarías mejor sin mí, lejos, escondida en esa incertidumbre de la que tanto me ha costado sacarte.

También estoy haciendo planes para nosotros. Pero de ellos prefiero hablarte cuando te encuentre, cuando por fin hayas llegado. Ahora me dedico a leer más libros, habituarme a ejercitar mi escritura a diario, para no olvidar aquello que vivo, para crear recuerdos que puedan leerse y no sólo evocarse en proyecciones mentales, en figuras o sonidos; quiero que las palabras hablen por mí, quiero que ellas sean las constructoras de este presente que mañana veré lejano, pero que al mismo tiempo me contará cómo he sido, lo que he hecho y, sobre todo, el momento exacto en que llegue a conocerte. A partir de ello podré darle a mi vida un rumbo, un sentido, rescatando lo que he venido aprendiendo durante años, para no cometer los mismos errores al quererte, al querer forjar mi porvenir a tu lado. No quiero una vida perfecta, porque lo perfecto no sólo es inalcanzable, sino también aburrido; contigo quiero una vida de incertidumbres; no de esas que nos hagan dudar de nosotros, sino de aquellas otras que nos permitan albergar expectativas, para que lo que venga siempre sea sorpresa, aunque la sorpresa ya haya llegado contigo.

En este tiempo he estado aprendiendo también. He conocido personas increíbles, he disfrutado momentos que quisiera haber vivido contigo. Pero no me arrepiento y tampoco quiero que tú lo hagas. Quiero que, al encontrarte, traigas también tus aventuras, tus conocimientos, tu aprendizaje y lo compartas conmigo. Quisiera conocerte a fondo, la estructura de tus pensamientos, que me expliques por qué sí o por qué no, y que podamos complementarnos de ese modo. Quiero que veas en mí un mundo por descubrir, un libro con páginas que no sólo puedas leer, sino también en las que puedas escribir. Quiero verte y contemplarte, descubrirte, que seas un misterio, que seas, en tu estado más puro, la demostración más fiel de tu persona, de esa mujer fruto de experiencias que te han hecho ser como eres. Yo puedo imaginarte de muchas formas pero la verdad sólo la conoceré cuando llegues. Pero mientras tanto, lee, lee mucho. Conoce, disfruta, atrévete a viajar, atrévete a sentir, a abrazar, a aprovechar cada momento. Canta, ríe, baila, llora. Sé agradecida, no te guardes palabras de las que suelen depender los instantes. Que tus miedos se enteren de que vas a vencerlos, que tus ganas sepan que no te quedarás con ellas, que la vida te sonría la misma cantidad de veces que lo has hecho, y que nunca tengas la necesidad de convertirte en otra, si lo que quieres es expresar aquello que sólo puede venir de ti misma.

Yo querré verte así, aunque tenga que soportar otro año lejos, aunque tenga que buscarte en otros vuelos, aunque me cueste conquistarte y decirte que, si bien es cierto que recién te conozco, la verdad es que llevo esperándote toda la vida.

Me centraré en construir ese hombre que quiero ser para ti, para que al verme también te entren ganas de descubrirme, para que al quedarte ya no tengas ganas de volver a irte. Seré lo que buscas, si logro encontrarme primero. Y para ello necesito tiempo y paciencia. Espero que sepas comprenderme, tanto como yo me he propuesto comprenderte a ti también. Estamos juntos en esto, aunque no nos conozcamos todavía.

Te quiero y espero.

Tuyo siempre,
Heber.

Comentarios

Entradas populares