Una aparente imposibilidad


Y tú, que miras a todos lados sin darte cuenta de que yo te miro de pies a cabeza odiando la distancia que me separa de tu sonrisa, ladeas la cabeza con indiferencia detrás de los escaparates. Vienes, echas un vistazo a la calle y regresas con la más desesperante de las parsimonias. Cuando caminas parece que el mundo te cede una pasarela que siempre ha sido tuya sin que nadie lo haya sabido, ni tú misma. Si reviso el reloj me doy con la sorpresa de que es temprano, de que nunca se me hace tarde si tú eres el lugar en el que me quedo.

Me gusta observarte cuando finges ignorar que lo hago. Me gusta pensar que conoces a ese extraño que se sitúa delante de ti, irreverente, a ocupar un espacio que no le has dado y que no merece. Debo admitirlo, hace tiempo que he olvidado cómo proceder a esas primeras conversaciones con alguien que transforma un suelo sólido en arena movediza. Y me da miedo dar un paso en falso, que en vez de acercarte termine alejándote más de lo que ya estás.

Eres de esas personas de las que da miedo enamorarse, porque se sabe que será difícil, cuando no imposible, dejar de hacerlo. Yo ya lo he intentado antes: quise tanto que me encerré en mis ideas y cuando intenté salir de esa cárcel sólo conseguí alargar mi condena. Pero te ves convertida en un delito por el que vale la pena pasar una vida perpetua encerrado. Encerrado en tu figura, en tu fragilidad, en tu belleza cuando tiene ese ángulo perfecto y en esa personalidad que escondes. Por ti me pasaría la vida cometiendo delitos si tú eres la causa y la condena. Por eso no te quito los ojos de encima y tú debes saberlo, aunque eres de esas personas que duelen con sólo mirarlas, que inspiran a matar la desidia con palabras que a veces no tienen sentido.

Muchos sólo te miran por atracción, pero yo te miro porque a mi pesar espero que algún día me rescates de la soledad. Que vengas, te sientes a mi lado, seques mis lágrimas y me abraces sin pedir explicaciones. Que en una sonrisa sepas que te he esperado demasiado y que un silencio exprese todo lo que he callado. Sería suficiente sólo si me dices que todo pasará y que la vida a veces presenta eso: la aparente imposibilidad de conseguir algo. Sería, aún más bonito, que me susurres que has sentido las caricias que te he hecho con la mirada, que insinúes que has venido para quedarte, que por fin mis cartas han sido respondidas.

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