No estoy intentando ser poético

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Querido amigo:

A veces me doy una pausa y recuerdo lo rápido que se me pasa el tiempo. Nunca lo he tenido entre mis manos, pero desde ya, sé que igual terminaría escapándose. Despierto con el corazón latiéndome a prisa en las sienes. Paso el día con la necesidad permanente de dormir por lo menos una semana completa y por las noches ni siquiera puedo dormir. ¿Sabes lo que es pasar la mayor parte del día haciendo lo que nunca deseaste? Me educan para conseguir un sueldo fijo y mantener una familia, pero yo no me veo haciendo ninguna de las dos cosas. Una de mis mayores aspiraciones es llegar a cumplir los treinta con la sensación plena de haber aprovechado mi juventud al máximo. Con los libros que llegue a escribir poblando un estante entero, con las fotografías que tomé en varios de mis viajes, con los amigos que conocí aquel año que planeé no darle un espacio en mi vida a nadie y resultaron quedándose. Hoy no me pregunto si los peldaños que avanzo mientras pasan los días me acercan más al final de la escalera, no. Hoy tengo miedo de estar en la escalera incorrecta. De despertar un día, con dos hijos a cuestas, una mujer con quien perdí algo más que el control y el dinero, y con un horario en oficina de ocho horas diarias y pagos mensuales tan miserables que me obliguen a asistir a una de esas marchas en son de protesta contra un gobierno abusivo.

Siempre he sido de mirar el paisaje mientras viajo, ¿sabes?, aunque por lo general viaje en la noche. No me preocupo en llegar a tiempo o a deshora a mi destino. La sensación única de dormir mientras el rumor del motor del bus está en marcha no la cambio por nada. A lo que voy es que mientras unos miran al frente, yo miro a los costados y si no miro atrás es porque no puedo. Vamos, es la vida. Hablo de la vida. Hablo de que cuando uno toma decisiones no siempre tienen que ser las correctas. Hablo de que puedo llegar al mismo sitio si voy rápido o lento, o si voy en mitad de la carretera (que debería ser lo correcto) o a orillas de la misma (lo que no es tan rutinario ni bien visto). Yo también estoy lleno de preguntas y también acepto las respuestas que salgan de lo común. Me gustan las historias reales que parecen inventadas y las inventadas que parecen reales. Me gustan los libros y la música a todo volumen. Me gusta caminar y observar la mirada de la gente. Ver sus pasos. Inventar historias en torno a sus acciones. Yo también me he preguntado si realmente vale la pena querer a quien quiero ahora y concluyo que lo que vale la pena en sí es lo mucho que llegue a escribir al respecto. Tú también deberías entender que no todo lo que escribo tiene que ver necesariamente conmigo, ¿o sí? Aunque qué importa al final. La mayor parte de mi vida también es ficción.

Es este mundo al que estoy confinado. Simplemente soy alguien semejante a muchos pero con ideas distintas. Y eso me hace igual a todos, creo. Verás, pronto volveré a soplar las velas, tú sabes lo que quiero decir con esto, y ese día estaré muy triste. Me lo predispongo desde ya, lo mismo que Navidad o Nochevieja, todos cuentan el mismo cuento. No es masoquismo, simplemente auguro algo que es tan cotidiano como mis ganas de terminar el día apenas me despierto. He pasado varios años haciendo lo mismo y, aun si comparto abrazos a diestra y siniestra, no consigo aliviar la soledad que me quema por dentro. Esa debería considerarse la peor sensación del mundo. Muchos estarían de acuerdo, incluyéndote.

No estoy intentando ser poético, sólo sincero. No he escrito algo similar hace ya no me acuerdo cuánto, y volver a estos lares es tan bonito como reencontrarte con un viejo amigo. Quiero decirte que si estoy aquí, o allá; o si hoy te abrazo y mañana paso a tu lado sin saludarte, sepas que no lo hago por desprecio. Contrario a lo que muchos dicen por ahí, la gente sí cambia, o si no, pregúntale nomás al que fui hace tres años si quiere ser escritor y si sería capaz de leer un libro completo en menos de una semana. ¿Ves? Antes odiaba los libros y ahora los escribo. Y no te hablo de una diferencia que se da entre etapas o décadas, te hablo de una diferencia que se dio prácticamente de la noche a la mañana. El punto es que seré tu amigo siempre, con distintas experiencias marcadas en una personalidad que construyo poco a poco. Que intento alejarme de ese Heber poeta que muchos conocen porque contigo quiero mostrarme de una forma no tan convencional. Que puedo ser tan humano como tú. Que si caigo o si me golpeas, sangraré y sentiré dolor como todos. Que también tengo miedos. Que también suelo arrepentirme de ciertas decisiones y que disfruto haciendo muchas cosas que por lo general le resultan extrañas a quienes las conocen. Que también tengo pros y contras. Que soy contradictorio pero puedo mirar siempre en la misma dirección (¿ves?, la contradicción, te digo). Que seré capaz de cambiar el mundo para que sonrías y al mismo tiempo podré olvidar una cita importante contigo. Eso no significa que dejaré de quererte. Nunca.

Hace tiempo había querido hablar de esto con alguien. Desahogarme. Si te digo la verdad, hace tiempo que nadie se detiene a escuchar las cosas que tengo que decir sin intentar contrargumentar o sermonearme. Hace tiempo que nadie me hace compañía de verdad. Por lo general soy yo el que escucha y a veces tomo el rol de alimentar una conversación que casi siempre no llega a ningún lado o, al menos, no adonde yo quiero. Sé que si alguien intentara escucharme, escucharme de verdad, al final tendría que esforzarse por fingir no estar cansado. Por eso la mayor parte del tiempo guardo silencio. Para ser muy callado, tengo bastantes cosas que decir. Ya lo vas entendiendo. Espero que por ahí todo marche bien y que cumplas lo que te propones. Te estaré escribiendo de vez en cuando para contarte más cosas. Ojalá no te canses nunca de leerme.

Con mucho cariño,
Heber.

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