Más niño y menos adulto

Fuente de imagen

Querida nadie:

Hace tiempo no te escribía. Necesitaba que supieras que estoy bien, y que el oasis que tengo delante de mis ojos ahora mismo, se ha secado con la demasía de calor, de indiferencia y, sobre todo, de errores míos. En estos últimos días creí haberte encontrado, ¿sabes? Ella también tiene constelaciones en el cuerpo, aunque, claro, qué va a saber de universos. Tú incluso tienes una forma de caminar única. Y no hablo en un sentido literal, hablo de tu forma de proceder a las cosas. Calculas, planeas, ejecutas. Y sea cual fuere el orden en que lo haces, siempre lo haces bien. Tu forma de caminar, de vivir, y bueno, todo lo que tienes es lo que te hace diferente al resto. Por eso es que me siento culpable por haberte confundido. Es que en mi interior, ahí donde habitan las cenizas que dejó el incendio, esperaba que fueras tú. De verdad lo esperaba.

La última vez que te escribí tenía 17 años aún. Me parece increíble hacerlo después de más de dos años. Quiero pensar que recibiste la primera carta de parte de un niño o de alguien que apenas estaba aprendiendo a ser adulto. La diferencia con el que soy ahora sólo está en la edad, porque le sigo teniendo miedo a los espacios cerrados, a menos que estén oscuros, porque en el resto de cosas he cambiado. Antes creía más, me entregaba más, moría por vivir contigo. No, no es que haya dejado de quererte, es que he estado averiguando qué es eso que muchos catalogan como amor propio y que dicen que me hace falta. De mis pesquisas no tengo mucho que contarte: no le he hallado diferencia con aquel hermetismo egoísta de quienes miran por sí mismos antes que por los otros. Eso ya lo tengo, aunque una vez que me enamoro, los papeles y la jerarquía de mis prioridades cambian enormemente.

Lo que te espera conmigo es una vida de esas que pueden encontrarse en libros, en especial en esas novelas melodramáticas de amor y tragedia, de magia y silencio, de luces y figuras que decoran el resto de la historia. No puedo darte lo mejor, pero sí todo lo que tengo, o bueno, al menos mi parte buena, esa que todavía te espera y que cada día se encoge por exceso de daños y por falta de motivos. Una vez que estés aquí quiero demostrarme a mí mismo que puedo amarte como sólo puede amarse una mujer como tú: con ganas, ímpetu, determinación y mirando siempre hacia delante.

Sé que si llegas lo sabría. Te reconocería al instante y me dirás lo que tanto tiempo he querido oír de alguien. Sólo espero no equivocarme, aunque he pensado también (y con una triste resignación) que quizá mi mayor muestra de amor sea dejarte y que tú encuentres tu camino, entender que por muy ideal que fueras para mí, tu lugar simplemente no es a mi lado, entender que estás hecha para el viento, y que esperar que te quedes (o al menos, que llegues), es ir en contra del amor que digo tenerte. Y, eso, que estoy muy triste porque temo haberte dejado pasar sin darme cuenta, o que ya te haya encontrado y haber jodido las cosas, eso también pude haber hecho sin querer. Puede que quizá no estemos destinados a estar juntos. Creer en el destino cuando se sabe que puede ser cruel con uno es como disponer la cabeza bajo la guillotina esperando a que a nadie se le ocurra soltar la cuchilla...

Quería decirte que mis sueños contigo siguen intactos, las que se van acabando son mis ganas de cumplirlos, o mejor dicho, mis fuerzas. Me he dedicado a mirar por una mirilla distinta de la puerta, he encontrado un cristal de un color que nunca he visto y todo a través de él se pinta de un peculiar tono de rareza. Lo que conocía antes, lo que creía, lo que tenía por convicciones se van reemplazando por cosas abstractas, aunque en su mayoría se esfuman. Así que sigo siendo el de hace dos años, pero incompleto. Me falta tanto aprender a quererme, aprender a ver a las demás personas como lo que son y no como el peligro que me representan. Me falta aprender a arriesgarme de nuevo, a no evadir responsabilidades, a ser más directo y sincero conmigo mismo. Lo poco que me queda lo guardo para ti, porque espero que puedas multiplicarlo y volverme aquel chico lleno de ilusiones y sueños, más niño y menos adulto. Sabes de lo que hablo.

No tengo más que contarte por ahora. Por estos días, tan oscuros y escabrosos, donde la muerte y la tristeza rondan armadas hasta los dientes, la única paz que encuentro es ésa que aún Dios me permite, pese a todo. Si quieres llegar antes de lo que planeas, te lo agradecería, aunque sé que todo es mejor a su tiempo y que todo tiene un orden que es recomendable seguirlo. Sólo te diré que cuando sea el momento y decidas venir a por mí, leas esta carta de nuevo. Aquí encontrarás el modo de encontrarme.

Tuyo siempre,
Heber.

Comentarios

Entradas populares