Un día que nunca existió

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He vuelto a soñar contigo. Nos estábamos alistando, ¿sabes? Tú te veías preciosa. Yo hacía tiempo que no me ponía un smokin. Vivíamos en la ciudad de tus sueños, y decías que era tal como la habías imaginado. Paseamos para conocer sus calles antes de que llegara la noche, porque esa noche iba a cambiar nuestras vidas. Las personas que nos acompañaban nos insistían en que debíamos llegar rápido. La tarde fue oscureciéndose y decidimos poner fin a nuestro recorrido turístico por aquel día. Después no recuerdo qué pasó, sólo tengo vagos destellos de imágenes donde tú te estabas arreglando o, mejor dicho, cambiando de look, porque arreglada ya estabas. Tú siempre estás arreglada.

Luego vi a un ministro sonriéndome con afecto paternal. Los invitados ya estaban ahí, el lugar estaba lleno. Y después, tú. Traías mi futuro en tu sonrisa. Y mientras avanzabas, alguien entre el público, al ver mi cara de bobo boquiabierta, comentó en un tono casi filosófico: «no ha existido en la historia una novia más hermosa a los ojos de su prometido», y no pude negarle la razón. Cumplido el prolegómeno, aperturé mi nueva vida contigo con un beso (ni siquiera esperé la orden del ministro, aunque aquel paso era lo único que faltaba). La música comenzó a sonar, y pude ver a varias mujeres, entre ellas nuestras madres, que lloraban de emoción. No podían creerlo, y la verdad es que yo tampoco. El tacto de tus manos era tan real. Recuerdo que las fotos vinieron después. Nos tomamos muchas con tanta gente cuyos nombres resbalaban de mi memoria, pero que me habías presentado anteriormente. Aquella noche hicimos del mundo un universo y nos pusimos en el centro.

A veces me pregunto si ese es el futuro que nos espera. He tenido el mismo sueño tantas otras noches, y en todas las versiones de aquel suceso que sólo ocurre mientras duermo, tú brillas. Brillas y pareciera que la poesía hubiese encontrado el cuerpo perfecto en el que personificarse. Me pregunto también si estarías dispuesta a vivir aquel sueño conmigo, o cuanto mejor realizarlo. La verdad es que pensar en cómo sería todo hace que viaje tan lejos en tan poco tiempo. Tanto al futuro como al pasado. Al futuro porque planeo y organizo desde ya lo que me gustaría que sucediera, y al pasado porque puedo ver todo por lo que pasé para llegar hasta ese punto, hasta donde tú dices que sí y el resto aplaude. ¿Me explico? Que puedo tener el pasado o el futuro que se me ocurra, pero el presente sólo lo quiero contigo. Y hacer de mi presente un pasado y un futuro que exista mientras lo vivamos, mientras seamos capaces de sostenerlo con unas miradas y sonrisas cómplices, de esas que se dan dos que saben lo que tienen y deciden cuidarlo, como diciéndose que están dispuestos a jugársela por el otro, y que hacen del riesgo un chiste para niños y del amor una cama de matrimonio.

Es cierto que sólo fue un sueño. Es cierto que antes de soñarte intentaba ya olvidarte. Es cierto que todo eso sucedió sólo en mi cabeza. Pero también es cierto que secretamente esperé a que tú hubieras soñado con lo mismo, y que mi anhelo más preciado estuviera más a mi alcance de lo que hubiera imaginado. Cómo es que me pasan estas cosas justo cuando quiero alejarme. Llega un sueño que hace tambalear mis convicciones y vuelves, vuelves a ser la chica que quiero. Vuelves a hacer tuyo el protagonismo de mi vida, el centro de lo que escribo. Pero desperté: eso era algo inevitable. Y la luz del día fue la responsable en disipar aquellos recuerdos de un día que nunca existió.

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