Esta no es una despedida
![]() |
| Fuente de imagen |
Querida Nadie:
He pensado que si existieras acabaría por cruzarme cualquier día contigo. No hace falta forzar nada, sino más bien dejar que todo caiga por su propio peso, aunque parezca cliché. El amor del bueno nunca termina flotando en el agua. No hay nada peor para algo tan sólido que quedar inestable sobre algo que bien le serviría para sumergirse. Las vistas superficiales pueden ser hermosas, pero es recién cuando llegas hasta el fondo que descubres la razón del misterio.
Y a mí me encanta el misterio. Lo he comprobado desde que tengo uso de razón. De cada cosa que le cuento sobre mí a alguien siempre me guardo una parte significativa. No es importante que sea mucho, sino esencial. Si alguien descubriera al paso los secretos que guardo, en lugar de serle más cercano, terminaría por desconocerme. Pero la idea de esta carta no es hablar de mí, sino de ti. Claro, de ti si te quedas conmigo. De ti si vienes a mí. De ti si existieras.
Querida Nadie, al margen del centralismo que predomina en lo que escribo, que no es otra musa que una mujer, puedo decirte que estoy preparado para no esperarte, y recibirte si llegas de pura sorpresa. He dejado paralizado aquel megaproyecto de preparar mi vida para cuando llegues. Lo triste de mis playas es que la mayor parte del año permanecen desiertas. No hay turistas. (Aceptémoslo: ¿a quién se le ocurriría pagar por contemplar un espectáculo sin sentido?) El origen del problema no radica en la falta de recursos; radica en que la ejecución ha sido corrompida, y cuando una herida se abre en mí, en lugar de cerrarse, se extiende. Lo mismo me pasa con la desesperanza, con la desidia, con los vicios y contigo. Pero lo irónico de tu ausencia es que no es vacía. Mientras más faltas, más razones tengo para escribir, o al menos para seguir aventurándome en otras rutas, hasta llegar a la vida de otras mujeres en las que me permitiré explorar el mundo a través de sus ojos.
No quiero permitirme otro desatino contigo ni quiero que tú lo cometas conmigo. Hablar de mí no es otra cosa que confirmar la causa de un derrumbe. Luego de tantos terremotos, un nuevo movimiento telúrico terminaría por tirarme al suelo por tiempo indefinido. Si a partir del desastre consigo levantarme, supongo que está de más decir que nunca lo hago de la misma forma. Nunca adopto la misma postura, nunca permanezco en la misma línea, nunca ofrezco la misma sombra.
Si llegas, ¿de qué te serviría? Muchas veces no sabría hacerte sonreír, la mayor parte del tiempo estaré cansado, ni siquiera tendré ganas de escucharte. Si te quedas, ¿para qué? Hay tantos otros mejores que yo, tantos haciendo méritos por ganarse la mitad de lo que me ha tocado vivir a mí. No soy el más afortunado del mundo, ya olvidé esa sensación. Me queda el recuerdo de la ilusión mas no del sentimiento de estar sobre otros, de ser el centro de la vida de una chica, de, por primera vez, ser importante. Si en tu camino te cruzas con alguien que ofrece lo que buscas, no te lo pienses dos veces. Lo más seguro es que yo termine por decepcionarte, pues en mí no encontrarás más que vistas a un pasado ajeno, un balneario cerrado al público, un millón de empresas privatizadas por conveniencias personales. Mi intención no es causarte lástima, que lo sepas. Si llegas te atenderé como a cualquier visitante, te haré pasar a tomar algo, luego te despediré y seguiré con mi vida como si nada hubiera pasado. No estoy listo para entregarme completamente, y es posible que pienses que contigo será diferente. Lo cierto es que para que eso ocurra tiene que haber deseo y predisposición de mi parte, de lo contrario no es posible. Te lo dice alguien que lo ha intentado con otras chicas antes de ti. Tú no tienes mi voluntad en tus manos, así que no te creas especial.
Querida Nadie, son tantas las cosas que me gustaría decirte. Aún están pendientes las promesas que nos hicimos a través de otras personas, pero lo más seguro es que se queden encerradas en su condición de banales recuerdos. No es mi intención desenterrar el cadáver de la esperanza que quedó sepultada en mi último derrumbe, eso también es cierto. Quisiera que fuera distinto, para qué voy a mentirte. Pero a estas alturas (o planicies), lo más acertado (y decente) es quedarme a ver cómo otros tantos edificios se levantan alrededor de mi vida, y apostarme a su sombra, porque después de todo, yo siempre he sido un animal de superficie, y sé que tú entiendes perfectamente este punto.
Aquí firmo mi tregua, mi condición de paz; elevo mi bandera blanca. Esta no es una despedida y espero que no me odies, pero si lo haces, yo lo entenderé, como siempre he entendido. Puedes estar segura de eso.
Aquí siempre,
Heber.






Comentarios
Publicar un comentario