Una cavidad desértica

Fuente de imagen

Querida Nadie:

Te sorprendería saber que ya no te espero, o que en lugar del amor, hoy me aferro a la vida. Lo que no te sorprenderá es saber que aunque no exista amor sin vida, casi siempre he tenido vida sin amor. Por eso para mí ambas palabras y sus respectivos conceptos tienden a desvincularse. Perdona si sueno un tanto negativo y si ya no me esmero por conseguir tu admiración como antes. Estoy en una etapa donde todo es un decorado. Si te contara, querida, sabrías incluso cuán barata es mi sonrisa. Si algún día decides no aparecer por aquí aunque te siga esperando, yo lo comprendería. Te lo aseguro. Aprenderé por obligación a quererte sin esperar a que vengas y a esperarte aunque no me quieras.

En qué nos hemos convertido, querida. Cómo y por qué.

No quiero aburrirte, pero te cuento que las clases en el instituto van bien; tampoco quiero enamorarte, pero leo más libros que antes. ¿Recuerdas la primera carta que te escribí? Espero que la conserves. Por aquel entonces aún era amigo de la máquina de afeitar, era más dócil y escribía mucho. Ya he pasado por esto antes, la diferencia está en que hoy no me siento culpable por ser indiferente. He comenzado haciendo reformas y he terminado por caer de nuevo en la rutina. Creo que no hay vida que no gire en círculos, ni persona capaz de resistir tanto mareo.

Mi poesía siempre apuntó a ti, las musas que tuve antes sólo fueron intermediarias y me costó menos dejar de quererlas que haberlas dejado quedarse. Esto es increíble, querida: un día no puedes vivir sin alguien y al siguiente no la recuerdas. No me he esforzado por entenderlo. Tú tampoco lo hagas.

Querida Nadie, tu espacio en mi vida se ha convertido en una cavidad desértica, árida. No te conozco, tampoco te culpo, sólo entiende que si voy a seguir escribiéndote necesito una razón más grande que la esperanza. Más grande que ella es el amor, pero recuerda lo que escribí al inicio de esta carta. Te encomiendo la tarea de buscar algo que vuelva a hacer que crea en ti para no sentir que le escribo al vacío. Eso último es lo más seguro, pero no permitas que llegue a ese extremo. Claro, sólo si quieres. Hoy ya no pienso convencerte de, ni exigirte nada. Nunca lo he hecho, sólo te lo recuerdo.

Siempre creí que estaríamos juntos. Soñé tantas veces con decirte: «Mi única rutina contigo será la de amarte de distintas maneras todos los días.» Yo, que para cumplir promesas soy tan hermético como para no hacérselas a cualquiera. Aún creo en la probabilidad, pero ya no en la posibilidad. Te lo explico rápido: la probabilidad es conocerte, la posibilidad es que existas. La primera depende de la segunda y de la segunda no tengo pruebas contundentes. Sin embargo, eres parte de mi vida. Lo sé porque me siento incompleto. Pero a quién quiero mentirle. Lo cierto es que tú perteneces a una realidad que sólo existe cuando cierro los ojos.

Tuyo siempre
(o nunca),


Heber.

Comentarios

Entradas populares