Para siempre
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Hay ayeres con los que aún no me reconcilio, atardeceres que carecen de belleza, futuros días que me esperan con las garras afiladas. No fue fácil y no hay día, no. No hay día ni hay horas, no. Pero un día me permití un amago de determinación, un poco de frivolidad en mis decisiones y te busqué, a tientas, casi con miedo a tropezar con ese obstáculo de la mente, de los temores que saben que nunca he sido bueno para querer a alguien.
Atravesé por bosques de dudas, desiertos de inquietudes, lluvias de recuerdos, ríos de inestabilidad, mares de tristeza sin puerto de esperanza, tormentas de pensamientos sin arcoíris de paz y plenitud. Recorrí los caminos con tu mapa entre mis dedos inquietos. Tu mapa y la luz de tus ojos, las rutas de tus manos, las huellas que dejaste y ese aroma que te hacía inconfundible. Nadador novicio, poeta empedernido, me arrojé al agua y casi me ahogo; te escribí sin cansancio y he quedado exhausto, vacío, sin palabras ni silencios. Mochilero sin mochila, viajador sin destino, te busqué por tus formas y te vi en mi sonrisa, en ese sol amable y limpio, cayendo a lo lejos; te vi en la noche, porque también fuiste tinieblas y te quise como se quiere a los días en los que somos felices: disfrutando de la luz, pero sabiendo que la oscuridad también forma parte del paisaje.
Por eso vine, por eso volví, porque no lo había olvidado. No olvidé quererte, ni desaprendí el pronunciar tu nombre a solas, cuando los ruidos de la calle no podían interferir con esa devoción casi enfermiza que tuve por recordarte. Volví y fue triste saber que no me has estado esperando. Fue triste saber que te habías ido, si no de este sitio, al menos de mi vida. Podía hablarte, saber que estabas; podíamos platicar, pero estabas más lejana que nunca y yo..., yo aprendí a verte a esa distancia. No hubo más «te quiero» y lo peor fue mi miedo de siempre. Pudiendo rescatarte, preferí alejarme también, porque, aparte de cobarde, lo cierto es que soy también muy orgulloso y esa fue nuestra peor distancia, por eso no me sorprendió que, esa canción que alguna vez fue mía, se la estuvieras cantando a otro. Ese querer que me entregabas, lo poseía otro. Otro, como si mi nombre no hubiese pesado nunca en tu alma. Otro, como si el reemplazo enmendara las tristezas. Ese otro te querrá, entonces; adornará contigo sus días y a mí me quedarán las heridas que me hice de retorno a las puertas de tu vida.
Nos mató el silencio, la palabra pendiente, el futuro lejano. Nos mataron los sueños: creer en ellos; nos mató la esperanza: pensar que no se iría. Nos matamos nosotros, porque al irme callé y quise hablarte cuando ya no me oías. Vuelve. Quédate. Sé que no me oyes, pero te quiero. Y ahora sólo me queda ese camino que me espera tras la espalda, el retorno al lúgubre de los paisajes en los que no te encuentras, el sabor rancio de las mañanas en las que no me acompañas.
Te escribiría una carta explicándote las razones, pero hoy debo volver para rescatarme, para regresar a aquel que abandoné porque nunca quise creer en sus advertencias, le pediré perdón, le prometeré que ya nunca volveré a dudar de sus palabras. Ya no tengo nada que perder, no me queda ningún pendiente tras tus pasos. Se ha ido todo contigo, los libros y los poemas, también mis sueños y el futuro que aún me mira con esos ojos de desprecio. Sólo me tengo a mí y debo aprender que eso es suficiente. Debo aprender que vine a este mundo sin conocerte y que me iré de él sin volver a verte. Pero cómo duele. Cómo me dueles. Espero que seas feliz en los parques que nunca nos vieron juntos, espero que seas feliz celebrando los aniversarios en la ciudad de tus sueños, espero que se apiaden de ti las noches en las que, por azar de las circunstancias, recuerdes que hubo alguien que intentó enamorarte con palabras porque eso era lo único bueno que podía ofrecerte. Pero, sobre todo y, llegado el momento, espero que me olvides y nunca más confundas mi nombre con angustia, nunca más te culpes ni te odies, que para entonces también habré aprendido a no esperarte y a descansar en la ignorancia, que tan feliz dicen que puede hacernos.
Adiós para siempre, mi querida y dolorosa, mi eterna y pasajera musa.
Nunca dejes de inspirar.
Viernes, 14 de diciembre del 2018






😢😭😭😭 buenas noches...está hermoso ❤
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