Despedida y compañía



—Me voy, sabes que odio las despedidas, pero esto será temporal. Lo prometo—. Le dijo mirándole a los ojos, como si esperara que le respondiera con su mirada y no con la boca. —Volveré y no volverás a estar solo. Volveremos a estar juntos, y todo vendrá a ser como antes—. Cerró los ojos y lo abrazó, posando su cabeza sobre el pecho de él.

—Sólo te pido que me tengas paciencia—. Agregó. Tenía la voz quebrada ya, y las lágrimas salían una tras otra.

Él no supo qué decir y la abrazó. Sólo habían ganas incesantes de regresar el tiempo y disfrutar de cada momento que vivieron juntos y que él no supo valorar. Ahora tendría que esperar hasta que ella vuelva. La besó en la frente, y aspiró el olor de su cabello.

—Tenme paciencia tú—, por fin le dijo— porque yo no pienso esperarte.

Asustada con la respuesta, levantó la mirada y fijó sus hermosos ojos verdes en los de él.

—¿Qué?— preguntó en forma de susurro.

—Lo que oíste. No pienso esperarte. No lo soportaría. Me siento culpable por no apreciar cada momento a tu lado y ahora tener que aceptar resignado a que te marches. Me sentiré vacío, incompleto. ¿No lo entiendes? Simplemente no te esperaré. Nunca me sentí tan vacío como ahora. Estás conmigo, aún no te has ido y ya te quiero de vuelta. Iré contigo.

Ella lo miró algo aliviada.

—Entonces, ¿de verdad vendrás?, ¿qué pasará con tu trabajo? Amor, sabes que vendré pronto. No es necesario que hagas eso.

—Tienes razón. Lo que hago es poco. Te mereces mucho más, pero acepta que vaya contigo. Ya te perdí una vez, no pienso perderte otra más. No si puedo evitarlo. Aunque regreses, no será lo mismo. En las buenas y en las malas, ¿lo recuerdas? Cumpliré mi parte y te protegeré, adonde quiera que vayas.

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