Self deception
Es inevitable. El remordimiento y la nostalgia de haber traicionado a ciertas personas, hacen cada noche eterna llena de silencios desgarradores intentando ocultar el llanto y disimular las lágrimas. Yo también lloro y me deprimo. Yo también me revuelco en las sábanas, golpeando a la nada, añorando la persona que solía ser antes.
Me decepcioné a mí mismo, y así decepcioné a todos. Vaya, siento el peso de las lágrimas de aquellos que confiaron en mí sobre mi corazón, que es el más débil y sensible que cualquiera de mis demás órganos. Mi órgano vital carga ahora con su propia destrucción. Duele, y seguirá doliendo porque el golpe de alguien en quien confías, duele más que el golpe de un desconocido. Y yo confiaba en mí. Y me traicioné. Y así terminé por lograr que nadie confíe en mí, nunca más.
Y me siento solo, lo admito. Teniendo mil razones para no sentirme vacío, siempre tengo la sensación de que algo me falta.
Tengo mil secretos, y más de un millón de acertijos, y no he dejado nunca que nadie lo sepa, y ni siquiera he dejado mostrar un pequeño augurio para que me identifiquen. Pues la mayor parte de mi vida es fingida. No soy lo que muchos piensan que soy. No soy ni siquiera lo que yo pienso ser. Y esto acabará un día conmigo. Moriré asfixiado por las palabras que nunca digo.






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