La respuesta sigues siendo tú
Hace cuatro meses, fue un año. Un año desde el primer texto que te escribí. Un año sin tantas promesas, mirando el horizonte con apenas un puñado de ilusiones en las manos. Han pasado tantas cosas, como era de esperarse. Tantas cosas que quise que ocurrieran y otras que no hubiera estado mal poder evitar. Lo cierto es que no me arrepiento. Si tuviste que llegar, en buena hora. Si tuviste que mover un poco mi mundo, si tuviste que rescatarme, si tuviste que abrir las ventanas para que la luz ingresara al interior; si tuviste que quererme, si tuviste que suavizar mi armadura, si me dejé querer por ti y si comencé a quererte también. Qué importa eso. En buena hora sucedió. Tuviste que ocurrirme para que hoy me diera cuenta de lo mucho que había estado perdiéndome de la vida.
Hoy me he puesto a pensar en todo ello...
Hace cuatro meses se cumplió un año desde que comencé a escribirte y hace cinco meses vengo intentando dejar de hacerlo. No puedo, supongo, y creo que no podré, pero eso tampoco me importa. Me importa dejar constancia de este sentimiento que se convirtió en decisión, una decisión que ya perdió la vigencia y que aun así sigue en pie. Hace un año dije que la respuesta eras tú. Que cuando alguien me preguntara de dónde sacaba fuerzas para seguir manteniéndome en pie y cómo es que logro avanzar a contracorriente, sólo era necesario pronunciar tu nombre. Y fue cierto. Eres una de esas verdades que cambian con el tiempo, pero que mientras duran son irrefutables. Así que puedo decir que sigues siendo mi razón. Sin que eso tenga algo que ver ahora en mi vida y sin que cambie esta situación, tú sigues aquí, inalterable, preciosa, como siempre y como nunca.
«You're a beautiful mess». Nunca a nadie le he dicho que me parece lo más hermoso del mundo aun si ella piensa de sí misma todo lo contrario, pero te lo dije a ti. Que sepas que has sido la primera para muchas cosas que he hecho y me alivia saberlo, porque no imagino a nadie más protagonizando las primeras veces más bonitas y significativas de mi vida. Siempre tuve la idea de que cuando alguien llega a ti, nunca se trata de una casualidad. Tú llegaste y me complementaste de una forma como ninguna otra. Porque cómo olvidar tu apatía a desmaquillarte, tu afán de mantener las uñas arregladas y tu amor por aquel vestido blanco que tanto te gustaba y casi nunca te ponías porque luego andaban preguntándote que cuándo era la boda. Cómo olvidar tu risa. Esos gestos inconscientes que hacías al leer y que a mí me resultaban más una sesión de hipnosis. Que no, que me es imposible odiarte. Que tu lugar en mi vida aún me duele al verlo vacío, pero que es la única evidencia que tengo de haber sido feliz hace algún tiempo. Hoy quiero regresar, evitar la decaída, la distancia, el orgullo. Y sonreír si vuelves a mirarme como antes, como mirabas a ese chico que necesitaba ayuda emocional a pesar de mostrarse «petulante y orgulloso», según tus propias palabras. El mismo chico al que quisiste y que llegó a significar alguien importante para ti... Pero no puedo, aunque tampoco me he dado la oportunidad. Y no quiero saber si es por respeto o por cobardía.
En fin...
Hace tiempo pensé en dedicarte todas las canciones de amor del mundo. Si escribía lo hacía por ti. Si leía pensaba en ti, demostrándome a mí mismo que pensar en alguien mientras leemos poesía es una de las más bonitas expresiones de amor que podemos tener por un libro y una persona al mismo tiempo. Si cantaba, incluso (y para eso nunca he sido muy bueno), podía reconocerte detrás de cualquier pretexto que me inventaba para dejar de estar triste. Eras y sigues siendo un buen rescate, un bonito consuelo. Tu sombra y la huella que dejaste no han perdido tu esencia. Como si esperaran, de alguna forma, que volvieras a tomar este lugar que desde siempre fue tuyo. Si mi vida fuera una película, agradecería al guionista de haberte incluido en el reparto. Pasado, presente o futuro, hoy eres parte de mi historia. Una de esas que duelen e inspiran; de las que pasan y permanecen, de esas a las que el tiempo sólo se encarga de perdurar. Y te habrás ido. Tu ausencia seguirá hoy más presente que nunca. Sí, que ya no es lo mismo y que desde aquel año, la única preocupación que he tenido es por verte. Siempre por verte, y que me digas que me quieres o que también me has extrañado. Creo que no me importaría si me lo dices aun si me doy cuenta de que es mentira. Pero lo cierto es que me siguen preguntando por ti. ¿Los recuerdas? Esos mismos que me decían que la perfección no existía. Quizá sea hora de darles la razón, ahora que no estás, pero es que hoy, para todo lo que preguntan, la respuesta eres tú. Sigues siendo tú.






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