Quererte desde lejos
![]() |
| Fotografía por Béa Dress |
Odiaba aquel sitio. La música alta, las vistas a la playa, el café descolorido y las paredes teñidas de ausencia. No hay nada más triste que querer hablarle de ti a alguien y no hacerlo porque ni siquiera yo sé lo que quiero oír al respecto. A veces, en el mismo lugar donde aprendí a amar a tu lado, otra mujer venía, paseaba, y yo aprendía a odiar por segunda vez. Me sentaba cansado y me preguntaba de qué, pero es que los recuerdos saben pesar demasiado y yo era muy débil. Está bien, lo sigo siendo. Dormía casi el doble de lo que acostumbro y soñaba con que regresaba a aquel sitio, a oírte cantar y sacarte a caminar por las orillas de toda una vida. Oía tu risa al cerrar los ojos, pero cuando los abría comprendía que sólo era una chica cualquiera, a la que terminaba poniéndole tu nombre y a la que también echaba de menos cuando se iba.
No me extraña que el dolor mental haya terminado convirtiéndose en un martirio físico. La presión en mi pecho y los constantes zumbidos terminaron por convencerme de que aquel era un descenso a la locura. Si estoy loco por buscarte, a mí eso no me importa. Peor que estar loco porque me faltes es tenerte y actuar como si no me inspirases a saltarme más de una regla. Te he recreado a solas y en silencio. Te he imaginado volviendo para quedarte, desmintiendo la tragedia, diciéndome que todo estaba bien y que todo resultó siendo un chiste de mal gusto. No me culpes. Una de las cosas que más me cuestan asumir hoy es entender que nunca más volveré a oírte decir cuánto me quieres.
Decidí expandir mis horizontes, porque algún iluminado me dijo que eso funcionaba en este tipo de casos. Poco sabía yo entonces que querer escapar de ti no era sino otra forma de regresar al mismo sitio donde te perdí una lejana noche y donde los recuerdos caben demasiado bien para convertirse en pesadillas. Desde entonces, cada vez que te sueño, lucho por no despertar sabiendo que lo único que siguen dormidas son mis esperanzas. Las cosas más felices y tristes de mi vida, me he dado cuenta, suceden siempre en las noches.
No he dejado de preguntarme cómo hubiesen sido las cosas hoy si no me hubiese negado a acompañarte, si no le hubiese puesto demasiada importancia a lo que hoy veo como una tontería. Quién va a venir a decirme que ya no te espere, o a quién le haré caso por fin después de tantos intentos. Quién va a quitarle a mi boca la costumbre de resbalar por tu cuello. Quién va a poder curar la soledad de mis manos acostumbradas a tocarte. Cómo podré sacarte si te llevo a todas partes y acabo odiando cada maldito sitio que se ha aprendido de memoria nuestras visitas, nuestro horario interminable de abrazos sin despedida, de roces sin disculpa...
Lo último que he querido es ir a verte dormir en aquel lecho de flores muertas. No lo soportaría. Yo he decidido quererte desde lejos, y espero que puedas perdonarme.






Comentarios
Publicar un comentario