Sobre los poetas



Se dice que al contacto del amor uno se vuelve poeta.

Tal vez.

Pero en lo personal, considero la posibilidad, y por qué no, la certeza de que el sufrimiento también es poético. El amor enlaza el corazón de un poeta, el sufrimiento le hace tocar la realidad y la realidad conocer al sufrimiento.

Sin sufrir, uno no aprende a amar, y sin amar, uno nunca sabrá lo que es sufrir. El sufrir y el amar se han vuelto los cimientos sobre los que se construyen poemas y escritos que transmiten el sentimiento del autor en el momento de escribirlos.

Los poetas que amen sin sufrir tendrán cierta necesidad de sufrimiento para que sepan lo que es amar de verdad. Y los poetas que sufren amando, serán mártires, héroes del amor y de la vida, serán conmemorados en las mentes de quienes lo leen y harán que viva para siempre al difundir sus ideas.

Un poeta ama, y cuando ama lo entrega todo, entrega su mayor tesoro a alguien que tal vez no lo valore, pero corre el riesgo porque un poeta es así, ingenuo, y adicto a la utopía, al regalar sus letras haciendo inmortal más a su musa que a él.

Un poeta sabe perder, pero no se resigna fácilmente hasta que ya verdaderamente sus fuerzas hayan cesado, y aún así insiste en recuperar lo que nunca le perteneció hasta morir en el intento o al menos salir demasiado herido como para convencerlo de abstenerse a dar un paso más.

Un poeta se hace con la experiencia, nace cuando muere de amor y vive cuando sus esperanzas fallecen.

Un poeta usa también el sadismo en una especie de loco masoquista. Un poeta vive entre el amargo olor de sus letras envenenadas y aún así sigue escribiendo. Convive con la absurda idea de que vivirá aunque éstas sus letras sean mortales y tarde o temprano acabarán con él.

Un poeta, concluyendo, no siempre se hace al contacto del amor, sino, al contacto de lo que es haberlo perdido y percibir el amargo sabor del sufrimiento.

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