Una falsa ilusión



Estoy en medio de la nada, nadie me observa,
levanto mis ojos y puedo ver tras el horizonte el
espectáculo crepuscular que es propio de todas
las tardes de verano.

Te veo ahí, detrás del sol que se esconde,
vestida de blanco,
tu ropa despide rayos de luz cegadores,
vienes montada en una alfombra de flores
silvestres, como si llevaras la rosa de las primaveras
de años contigo en un solo momento.

Nunca te vi tan hermosa, un consuelo a mi soledad,
que desde que te fuiste, no te supe más que extrañar.

Te confundí con una estrella fugaz
y te pedí un deseo.
Recibiste mi petición y me la devolviste vacía,
honestamente ya me lo esperaba.

Eres bella, pero cruel; con el mismo
desprecio con el que me dejaste, te marchaste.
Habiendo conocido la mejor parte de mí,
me dejaste la peor parte de ti.

Ni siquiera leíste mi deseo, mi deseo es
una ilusión hecha pedazos consumiendo
el último aliento de esperanza que
tú, al devolvérmelo vacío, te llevaste.

Dime ahora qué hago...
A pesar de todo te quiero, aún sin entenderte,
aún sin entenderme, siempre te quiero.

Pero, por ahora sólo déjame estar a solas
con la lluvia.

Déjame estar con el cielo que llora,
así ambos nos entenderemos.
Déjame disfrutar de la sensación de las
gotas al recorrer mi rostro,
aunque ambos sabemos que esas gotas
no sólo son de lluvia.

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