Cambiando


No sé si uno deja de ser el mismo con el tiempo o el tiempo deja de ser el mismo con uno. Me he dado cuenta de ya no soy el de antes, que me he convertido en esto que soy ahora: un engendro de la incertidumbre. Dudo de la existencia de una felicidad permanente, dudo que pueda existir algo tan hermoso en este mundo sin esperanzas. Últimamente me ha estado latiendo muy rápido el corazón y me ha hecho pensar que la ausencia de alguien sigue influyendo en uno aunque haya pasado mucho. Pero he cambiado, y no tengo la misma belleza en los ojos. Ya no. He llegado a guardar el suficiente silencio como para que alguien se dé cuenta de que he dejado de hacer ruido. Que ya no estoy. Que me he marchado en busca de mí mismo y sigo sin haberme encontrado. Que el viaje será largo y no tengo planes de volver. Algunas cosas sirven de consuelo, como la certeza de que nada será como uno quiere porque tiene que ser como se debe. A estas alturas no creo que alguien llegue a preocuparse. A veces vuelo pero sólo resultan ser mareos por el estrés. Y duermo. Duermo y ni siquiera pienso en despertar. Luego abro los ojos y noto que el mundo sigue ahí y yo sigo cambiando. Un día le habré dado suficientes vueltas al sol y me reiré de mí mismo cuando entienda que no he sido lo suficientemente fuerte para haber aceptado al amor. Y el tren ya habrá partido para entonces. No echaré de menos nada pero sí me lamentaré. Todos los días esperaré en el andén a un tren que nunca volverá, y el pago será ver a muchos vagones que se llenan con personas que van en busca de oportunidades. Terminaré envidiando los sueños ajenos. Pero ya no hay más trenes para mí. Y habré cambiado lo suficiente como para admitir que he estado equivocado toda mi maldita vida.

Comentarios

Entradas populares