El amago del destino


Especial para Cinthia Sierra

Había conjurado varias veces una especie de serenidad para obtener un poco de cordura. Me volvía loco este asunto. Desde que te conocí supe que el mundo había cambiado, o que la vida, en sus infinitas casualidades, había preparado nuestro encuentro tramado de sorpresas, como se junta a dos personas que nunca pensaron en conocerse. Y eso, aparte de devolverme la cordura, me hizo entender que siguen existiendo personas que valen la pena, la alegría e incluso la incertidumbre de conocerlas.

Te vi y sentí el amago del destino en tus ojos, como si tu mirada trajese un mensaje que no logré comprender en ese momento. Cuando sonreíste advertí por medio de tus labios la perspicacia de la ternura que adornaba tu rostro, tomando forma en todo tu cuerpo, vistiéndote de una belleza singular que tú misma desconocías. Ya había sido tentado a tocar el final de un vacío infinito hasta que llegaste. Con esas manías, con esa ternura, con esa vacilante manera de ver la vida por su lado más amable y convencerme de enviar a la soledad de vacaciones mientras estés conmigo.

No había día en que no nos viésemos, aunque fuera sólo para hablar de cosas sin sentido; ni noches en las que un simple mensaje nos dejaba una sensación de tranquilidad para dormir en las estrellas. Te quise rápido, como se llegan a querer aquellos detalles que llegan sin esperarlos, después de que uno había perdido las esperanzas.

Encontré en ti una compañera, alguien que tenía mil mundos por dentro pero que era tan fuerte como las ganas que he tenido de quererte. A veces llovía en tu cielo, y era entonces cuando abrazaba a tu mundo, intentando recomponerlo con cada latido que pudieras sentir mientras me tenías cerca; tan cerca como para que no quepa duda de que si por mí fuera estaría a tu lado siempre que me necesites. Fui encontrándote más detalles, no bastaba con mirarte y suponer cosas; me adentré en tu vida, devolviéndote el favor que me habías hecho, hasta descubrir que más allá de ese semblante de sonrisas tiernas y miradas encantadoras se escondían mil cicatrices de aquellas heridas que te marcaron para siempre, y que aún conservas como un recordatorio de que la vida puede llegar a ser horrible.

Y aquí estamos, parece que el tiempo se hubiera tomado un descanso, dejándonos el paso libre para lo que ahora parece convertirse en una amistad con un tramo directo al infinito. Te quiero. A veces sólo necesitamos importarle a alguien. Me importas mucho. Así como un día yo intenté conjurar la tranquilidad de mi mente, así haré que puedas encontrarle cierto sentido a la vida. Porque la vida y el sufrimiento van a la par, pero siempre podemos sacar provecho. Te quiero, así como tú me quieres. Como si nada hubiese cambiado desde el día en que te vi por primera vez, con esa sonrisa que ahora presumes con delicadeza, usándola como escudo, convirtiéndola en una armadura. Te quiero, porque me gusta como eres, porque eres tú misma, y te quiero porque sé que puedo hacerlo bien.

Ahora, aunque he tardado, he llegado a comprender el mensaje de tus ojos después de pasar mil aventuras contigo. Y quedará aquí, guardado en mi pecho, donde tú vives ya hace mucho tiempo.

Comentarios

Entradas populares