Ella
Nunca se lo he dicho, pero siempre miro sus fotos. No puedo evitarlo. No se lo digan tampoco. Me gusta. Es posible que me vuelva loco; aunque pensándolo bien, ya lo estoy. Maldita sea, es preciosa. No puedo creer que exista una sonrisa que pueda robarme el pensamiento tan rápido. No, no estoy enamorado, pero estoy al borde del precipicio. Como si el amor fuera un suicidio. Sus mejillas..., no sé. Se me acabaron las palabras. Es interesante. Cuando te gusta alguien hasta escribir se vuelve difícil. Llevo casi media hora buscando letras y sólo encuentro su mirada, esa que no olvido. No escribo nada, no como antes. Recuerdo que mirar al cielo sólo era una bonita costumbre, y ahora es una necesidad. ¿La necesito? No sé. Pero me hace falta. El aire..., maldito aire, siempre robándome la oportunidad de acariciarle el rostro y jugar con su cabello. Me gusta su mundo. Ese que ha sido tantas veces reconstruido y que a diario lidia con el miedo de volver a derrumbarse. Me encanta su perspectiva de la vida, me hace creer que la muerte puede esperar; que no es necesario adelantar el reloj y estar al tanto del calendario. Hay personas que te roban la noción del tiempo, esas valen la pena. Para mí no ha habido alegría más tranquilizante que saberla cerca. Me quiere. Sí. Pero no lo suficiente. Si supiera..., no, mejor que no lo sepa. Tengo que tragármelo todo y fingir indiferencia. Sin embargo, cuando la tengo a sólo unos centímetros de mi rostro..., pierdo el control y sonrío. Soy vulnerable y lo irónico es que ella me hace fuerte. Siempre he creído en la posibilidad de abrazarla y que no sea un simple gesto de amigos. Nadie está libre de soñar, pero a veces soñar no vale la pena; sin embargo, la persona de ese sueño lo vale todo. Y ella lo vale. Porque me roba todo. Como si no fuera suficiente con mantenerme despierto pensándola. Ya comenzó a salirme ojeras y el café no deja de hacerme compañía. Escribo hasta que me sangran los dedos y sólo entonces me limito a pensarla. Cómo estará. Qué hace. En qué piensa. Si piensa en mí. Si soy yo quien también le roba el sueño o al menos lo protagoniza. La veo muy seguido. Joder..., tengo miedo. Tengo miedo de que se entere y deje de hablarme. Soy de los que dicen algo y nunca creen en su palabra, porque ahora mismo puedo decir que no me importa y que pronto me olvidaré de ella. Pero no es cierto. Ni será cierto. Hacer promesas cuando se siente tanto no es bueno. Me moriré pensando en ella si no puedo tenerla, pero no se me ocurre una muerte más bonita.






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