Puenting sin cuerda
¿Hoy también sientes que te encadenas a una vida de humo? Porque yo lo he visto, y por lo que he podido deducir no has sabido permanecer en un solo sitio. Y has resbalado, muy rápido (demasiado para alguien que se tenía por hombre cabal). Eres una mecha bañada en pólvora. (Ay de la mujer que se te acerque demasiado con fuego en la boca y el verano en los ojos.) ¿Cómo es eso de abrazarte a un futuro que pasa con las maletas llenas de planes en los que nunca apareces? Pero estás ahí, metido en el único rincón donde la lluvia no llega. Pero, eh, mira, aquí nadie se ha mojado. ¿Qué es lo que tratas de evitar tanto? A veces vienes a encender fogatas pero prefieres ir a morirte de frío en otra parte. ¿Quién te ha hecho tanto daño como para echar leña a un fuego del que vas a terminar huyendo? Porque lo bonito de quemarse las manos es que lo haces por alguien que luego va a curarte las heridas. Creí que lo sabías. Aunque, claro, contigo siempre tiene que ser diferente. Te has lanzado a hacer puenting sin cuerda: enamorarte. Ya te has fracturado varios sueños, y las ilusiones han sido incapaces de amortiguar golpes anteriores. Y aun así...
¿Ya viste? Allí algunos paisajes no han vuelto a ser los mismos. Has desplantado sonrisas. Dejaste los jardines sin sus mejores rosas. En otros lugares has dejado huellas donde no debías. Te has convertido en el huracán que lo desordenó todo. Pero incluso tú, con esa particularidad de los desastres, necesitas que te den un abrazo. Necesitas saber que encajas en algunas grietas.
Al pensar en ti, me gustaría que la palabra "ruinas" no entrara en mi vocabulario, pero hay quienes hacemos de nuestro nombre un sinónimo de todo lo que duele recordar. ¿No es así, Heber? Deberías detenerte un momento a contemplar las ciudades que destruiste en tu intento de turismo emocional. Intentar justificarte acusando a otras personas de tus propios errores no me parece digno de alguien como tú. Te has dejado llevar, y eso es lo más triste: viajar porque sí, porque el mundo lo dice, caer sólo porque la gravedad te obliga, ir unidireccionando algunos pensamientos que deberías dejar volar con las alas que tienen. Has pintado algunos lienzos del color de los besos que nadie te ha dado, y esculpiste toda la soledad en una sola figura que tiene tus ojos. Todo lo que escribes viene siendo una disculpa. Porque te has cansado de apagar el brillo de algunas sonrisas.
Esto sucede cuando te atreves a querer a alguien. Piensas que estás listo, que esta vez puedes hacerlo bien, y terminas fallando en el mismo punto de siempre, encadenándote a los recuerdos, viviendo bajo la sombra de una angustia que te impide ver más allá de tus heridas. No te has dado cuenta de que las heridas las dejaste en otra piel. Que detrás de ti siempre hay una persona dispuesta a no volver a creer en el amor de nuevo. Eres esas ganas que tiene alguien de convertirse en inmortal, y a la vez el deseo de encontrar la mayor de las recompensas: la muerte, cuando ya lo vivido no tiene nada importante que ofrecer.
Tendrás que aprender la lección de una vez por todas. En definitiva, lo que debes hacer cuando te fijas en una chica, cuando crees que has encontrado el símil perfecto de tus idealizaciones, es callarte. Tragarte el sentimiento. Ahogarte ahora, para no matar después. Si vuelves a sentir que quieres a alguien, aléjate: te ha venido funcionando por un tiempo hasta que quisiste experimentar con cosas muy peligrosas sabiendo que trae consecuencias lacerantes. Así que la próxima vez guarda silencio, procura que ella ni siquiera se entere de tu existencia. A veces es mejor destruirse por dentro antes que ver las grietas que provocas en la sonrisa de la otra persona.






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