Sueño incompleto
A veces pienso que te escribí esta carta hace mucho tiempo y que todavía soy incapaz de terminarla. Me temo que nunca supe del todo cómo o dónde buscarte y que por eso he ido sin rumbo por la vida de otras que, de alguna manera, se parecían a ti, pero que no tenían nada que ver contigo. Tú siempre me has recordado a uno de esos sueños que nunca supe de qué iban pero que a diario me esfuerzo por cumplir sin conseguirlo. Creo que mi vida últimamente ha ido a ese ritmo. El tiempo es inexorable y, qué puedo decirte… si me pongo a mirar atrás no sabré exactamente en qué lo he invertido y si aquello ha valido la pena. Sólo sé que estoy cansado. No tengo ni dieciocho años y te juro que siento que en cada cosa que escribo envejezco de golpe, como si mi vida se fuera en cada palabra arrastrando consigo una edad que no voy a vivir nunca. A veces me gustaría obtener más oportunidades. Me gustaría haber hecho las cosas bien cuando pude porque a estas alturas siento que cualquier cosa que intente va a estar incompleta si no estás tú para cumplirla conmigo. Tú no has llegado todavía, pero, ¿sabes?, aun si hubieras estado desde el principio yo hubiera sentido que llegabas tarde. Cómo explicarlo… es que siempre voy a desear que estés antes.
Querida nadie, todavía no te conozco pero desde ya te quiero, y sé que te mereces todo el romanticismo que le quede a este desastre de persona. Te mereces todo porque, aunque yo te esté esperando antes, sé que llegarás en el momento oportuno, lista para poner en orden mi mundo que lleva mucho necesitando de un buen salvavidas. Es curioso pensar en estas cosas porque antes creía que el tema del amor era uno de los que quería olvidarme, aunque luego me he dado cuenta de que en mí todavía vive ese niño que cree en los sueños y en todo cuanto sea rescatable en este mundo y que, pese al intento de propios y ajenos de matarlo, sigue pidiendo una última oportunidad. No quiero ni puedo negársela, por eso te espero. Te espero porque sé que cuando llegues voy a reconocerte de inmediato. No he visto nunca tu sonrisa pero estoy seguro de que eso es un detalle que te distinguirá de las demás: ninguna sonríe tan bonito como tú lo haces. Cuando te abrace mis heridas olvidarán lo que es el dolor y las cicatrices para ese día habrán ensayado su mejor sonrisa.
Oye, por cierto, he soñado contigo. No recuerdo cuándo, pero fue una noche en la que desperté y lo primero que hice fue buscarte. Traías las promesas más bonitas del mundo en los labios y una primavera instalada en la mirada. Yo recuerdo que me abrazaste y sentí cómo algunos engranajes en mi interior volvían a funcionar luego de haberlos tenido por obsoletos. Pronunciaste mi nombre seguido de un «te quiero» y fue como tener música de fondo en una escena que no podía ser más preciosa.
Han pasado días y en cada uno de ellos le ruego a Dios que me permita volver a soñar lo mismo aunque sea por última vez porque nunca llegué a saber el final de aquéllo. En noches como ésas es cuando más me haces falta. Creo que tienes que saberlo. Y no te sientas mal, es que es sólo esta necesidad de asegurarme que alguien estará allí para mí cuando esté a punto de rendirme. Yo voy a seguir esperándote, convencido de que las que vengan antes de ti no me harán ni la mitad de feliz de lo que voy a ser contigo, y voy a pasar de ellas. He planeado un futuro a tu lado. Tengo incluso el nombre de nuestros hijos. Sí, mira, no te rías. Puede que te parezca una tontería pero es verdad. No sé si te guste la idea, pero he considerado que podríamos tener una mascota. Es gracioso escribirte de esta forma considerando que eché este tipo de pensamientos lejos de mí sin esperanza de volver a tenerlos en mi mente. Pero, como te lo mencioné, creo que tú tienes la capacidad de hacer que mis ruinas vuelvan a ser la ciudad poblada de esperanza que era antes de convertirse en un lugar turístico que nadie ha visitado desde que declaré mi voluntad interna de reconstruirla en bancarrota.
Querida nadie, tienes que saber que hay tardes en las que, paseando por el centro, veo a muchas parejas felices sonriéndole al mundo como quien exhibe su felicidad a los cuatro vientos y, ¿sabes? Me da por hacerme la promesa de que cuando pueda tomarte de la mano, estaré así o más enamorado. Que incluso voy a ser capaz de soñar con llevarte al altar algún día y darme cuenta de que la vida comienza en el preciso instante en que recibo la autorización de besar a la novia. A mí me hace mucha ilusión, créeme. Yo contigo me casaría todos los días.
Pero tranquila. Voy a estar aquí, esperándote, porque sé que vales la pena, la alegría, y todo en lo que no he tenido esperanzas de volver a creer. Tengo escritos los poemas que voy a recitarte a solas, las agendas que tienen los días llenos de una cita contigo, y las canciones que te he estado dedicando mientras tanto. Cuando llegues, comprobarás que pese a todo he sabido resistir por ti, por nosotros, y por ver esa vida con tu sonrisa despertándome por las mañanas. Quizá, para cuando llegue ese día, voy a saber qué es lo que continúa de aquel sueño que dejé incompleto, o puede que me encuentre con la sorpresa de que el sueño comienza ahí, justo cuando me dices que vas a quedarte para siempre y que todo este tiempo llamándote en silencio ha valido la pena.
Quiero que te tomes tu tiempo porque después de todo eres libre. Espero que disfrutes de la vida mientras tanto. Sé que lo nuestro puede tardar y que aquéllo conlleva muchos planes, días, lugares, personas y circunstancias varias de por medio. Sólo no te olvides de mí, y ten en cuenta siempre que aquí hay alguien que va a quererte sin importar cuánto más tenga que esperarte, aunque eso implique dejar sueños de lado. Tú eres el más bonito, después de todo.
Tuyo siempre,
Heber.






Comentarios
Publicar un comentario