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Luego de un momento sin decir nada, me atreví a romper el silencio.
—Ya estoy terminando la historia que te enseñé el otro día —solté.
—Oh, por cierto. No me enseñaste lo que sigue.
—Sólo te di la primera parte.
—¿Cuándo me entregas el resto?
—Se suponía que sólo leerías lo primero, lo demás lo publicaré directamente en internet.
Su mirada se desvió, mientras caminábamos rumbo a la salida. Bajó la voz.
—Y se suponía que yo iba a ser la primera en leer tu obra —dijo, suspirando.
La miré a los ojos.
—Te enseñé el primer capítulo, uno que nadie ha leído todavía; e incluso antes de entregarlo a revisión te lo di para que lo leyeras, algo que ni con mi propia madre he hecho—mentí.
Iba a proseguir, pero su mirada acerada me persuadió a callarme.
—¿Me estás gritando?
Dulcifiqué mi voz, intentando ablandar cualquier indicio áspero que esbozaba.
—Claro que no. Sólo te estoy diciendo que cumplí la promesa de que serías la primera en leer lo que escribo.
—¿Y?
—Que no te fallé —dije justo en el momento en que lo vi a él esperándola.
Me retiré mientras ella se dirigía con parsimonia a su encuentro.
Se volvió a mirarme.
—Nunca me has fallado.
—Pues parece que sí —susurré, con la certeza de que no había llegado a oírme.
Me adelanté a la salida. Escogí un árbol cerca del portón  principal y me cobijé en sus sombras.
Los vi pasar; un par de siluetas mezclándose entre el bullicio de los demás colegiales. Ella sonreía como una niña a su lado. Me quedé inmóvil, escrutando la manera en que su cansancio se desvanecía al contacto de su compañía, como si para ambos el mundo se hubiera desvanecido y, por algún sortilegio favorable de la vida, sólo ambos existieran para el otro.
Suspiré, no sé si por decepción o cansancio.
—Sí te fallé.
Luego de perderlos de vista, me dirigí a la salida introduciéndome en aquel mar de uniformados y por un momento me sentí vacío, como si aquél chico se hubiera llevado una parte fundamental de mi vida, sonriendo la gracia de tenerla cerca sin percatarse del destrozo que me había propinado y que ahora, con las pocas ganas y fuerzas que me quedaban, intentaba disimular.

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