26 | 11 | 14


Toda la mañana había pasado sin dirigirle la palabra. Cada una de sus miradas las evitaba, como si temiese que leyera mi pensamiento o viera en mí algo que la incomodase.
Luego de un momento vino a hablarme, porque yo no tuve la decencia de hablarle primero; era ya casi mediodía y me encontraba leyendo un libro. "Deja de leer", dijo y entabló una conversación. En una de sus preguntas, introdujo ésta:
—¿Qué te pasa?
—Nada —sonreí, devolviéndole la mirada—. ¿Por qué?
Su semblante estaba lleno de cansancio, y parecía que el hecho de pronunciar cualquier palabra la cansaba todavía más.
—Es que parece que estás enojado.
—Siempre te parezco de mil maneras. Además, yo no tengo razones para estar enojado contigo.
—¿Entonces qué? ¿Es mi imaginación?
Adopté mi más trabajado dote de sarcasmo, mal disimulándolo con una mirada inocente, y me dirigí a ella.
—Sí —contesté—. Tienes una imaginación muy buena. Deberías explotarla al máximo. Sacarás provecho.
Me miró con severidad.
—¿Estás hablándome con ironía?
—Sí —contesté al instante.
—Está bien —dijo y, como si hubiera sido propulsada de su asiento, se levantó de golpe con dirección a su sitio. Intenté detenerla pero evadió mis manos y logró soltarse de mi presa. La llamé, pero me ignoró.
Un momento después de haber pensado y reflexionado hasta el punto de llegar a la conclusión de que no me hubiera gustado perder su amistad, me levanté de mi asiento y me fui al suyo, donde ella se había propuesto dormir utilizando sus brazos como almohada.
Me arrodillé delante de ella, acaricié sus manos y al momento levantó la vista cansada por falta de sueño.
—Hola —sonreí.
Pareció no oírme.
—No entiendo cómo es que te creíste lo que acabo de decirte. Lo dije de broma.
—Sabes que odio que me hablen con ironía.
—Justamente por eso lo dije. Mi intención era molestarte, pero no creí que ibas a tomártelo en serio.
Entre aquellas palabras noté su voz más amigable y dulce, como siempre había sido.
—Gracias por aceptarlo —dijo.
Le sonreí.
—Si supieras que hay cosas que no me gusta aceptar —susurré, evadiendo su mirada.
—¿Como qué cosas?
Guardé silencio un momento.
—Eso —dejé caer, acompañado de una mirada inquisitiva.
Arrugó las cejas.
—¿Qué "eso"?
—Ya sabes.
—Si lo supiera, no te lo pregun...
—Que me gustas —corté, sabiendo que para esas alturas le costaba recordar o tal vez admitirlo.
Su expresión se congeló.
—Te agradecería —comenzó, tímidamente— que no seas tan...
—Te pusiste pálida —reí—. Sé que no te gusta hablar del tema, así que cada vez que no quiera o dude en responderte algo, relaciónalo con eso. Generalmente no quiero mencionártelo, pero llevaba tiempo sin decírtelo.
Entre más sonrisas suyas fui perdiéndome. Luego la dejé en su lugar y me dirigí con la seguridad y plena satisfacción de no haber perdido su cariño.

Comentarios

Entradas populares