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La jornada acababa temprano. No era ni las seis de la tarde cuando la entrenadora había dado fin a la rutina del día y me quedé a hacer algunas cosas antes de salir.

Ella no estaba por ninguna parte, supuse que había salido sin despedirse y por un momento no se me hizo raro, pues minutos antes habíamos discutido y admito que dije algo que no le gustó, aunque fue sin malas intenciones, como se dice lo que uno no siente por el simple hecho de querer saber la reacción de la otra persona.

Minutos después de abandonar la esperanza de regresar con ella por esas calles que solíamos recorrer juntos como buenos amigos, la vi salir de un vestíbulo. Se había cambiado y ahora se dirigía al recibidor y se dispuso a tomar asiento. Sonreí para mis adentros mientras la observaba de lejos, creyendo como un estúpido que se quedaba para esperarme, tal como lo hubiera hecho yo.

Recorrió el patio hasta el recibidor y salió sin el menor reparo. La vi caminar por la fachada de la universidad. Por un momento creí que volvería su vista y se despediría con la mirada, pero tenía los ojos fijos en su móvil, luego la perdí de vista. Suspiré, vencido; yo seguía en lo que tenía que hacer y pronto sentí la desidia apoderarse de mi mente. Luego caminó en dirección contraria. Mis esperanzas me decían que iba a ingresar pero pasó de largo.

Momentos más tarde la vi ingresar de nuevo, volviendo a sentarse en uno de los bancos del recibidor. Fui a verla.
Seguía con la mirada prendida en el móvil. Me senté frente a ella.
—Hola —dijo al instante, sin levantar la vista.
No pensaba sorprenderla tampoco.
—¿Qué haces? —pregunté.
—Esperando.
—¿Qué?
—A alguien. Dijo que venía a las seis y hemos terminado cinco y media —contestó, riendo—. Y encima se me termina el crédito. ¿Y tú?
—Nada, estaba por irme.

Me levanté y fui al lavabo. Dejé que el agua me acariciara el pelo mientras me reía de mí mismo. "Acéptalo, no seas idiota", pensé. Levanté la vista hacia el espejo, incapaz de reconocerme. "No entiendo cómo puedes aspirar a tanto, maldita sea. Lárgate, que en esta historia no hay lugar para otro personaje."

Salí acelerando el paso en dirección a la salida. De lejos la vi despedirme con la mano. Imité su gesto sin traicionar expresión alguna.

Caminé por la vereda hasta la esquina de la universidad arrastrando el alma, o lo que quedaba de ella. Delante de mí, una jungla de autos se desprendía sin tregua. Se me cruzó por la mente llegar al otro lado a modo suicida pero me sentí estúpido, de nuevo.

Un aire frío me acarició el rostro. Me recosté en un poste de metal que anunciaba los nombres de las calles que se cruzaban en la esquina. Se me ocurrió pensar en vigilarla de lejos y confirmar sospechas de la persona que la iba a venir a recoger, si era o no aquel chico; aunque la verdad no me hubiera sorprendido de los resultados, tanto si fueran afirmativos o no.

No sé cuántos minutos esperé ahí, el hecho es que me quedé un largo momento; no me atreví a mirar atrás por temor a que ella me estuviera observando, pero lo consideré imposible.

Enfilé la avenida Grau sintiéndome incompleto; como si una parte de mí se hubiera quedado a seguir conversando con ella y otra se hubiera quedado estancada en el poste de la esquina que para entonces probablemente me quedaba a una cincuentena de metros.

Media hora más tarde estaba llegando a una cabina. Pedí una máquina y me senté, todavía sin saber qué hacer. Abrí Blogger y comencé a escribir.

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